VIAJE A CUERNAVACA
Además de la parte académica, que resultó muy importante, también fue muy agradable la convivencia entre Tejedoras y muy disfrutado el viaje en todos sus detalles. Siempre es divertido y emocionante conocer nuevos lugares, probar platillos diferentes, tratar a personas distintas, pasear, admirar cosas bellas, en fin, vivir la aventura de viajar.
En esta ocasión pudimos darnos un par de escapaditas de las actividades del Congreso. En la primera, el miércoles 27 de mayo, nos fuímos a dar una vuelta para apreciar el hermoso centro histórico de la ciudad: el palacio de Cortés, el Zócalo, los edificios de gobierno, la antiquísima catedral, y claro, comprar algunos 'recuerditos' para la familia.
En la segunda, el jueves 28 en la tarde, nos fuímos a Tepoztlán. Ahí comimos en un puesto del mercado: las famosas dobladas hechas con maíz morado, casi negro, rellenas de huitlacoche, flor de calabaza, nopales... También unos riquísimos tlacoyos con frijoles y requesón; todo delicioso, recién preparado por una mujer joven y limpia, enfundada en un delantal.
Después de comer tan sabroso, nos encaminamos por una nieve para cerrar con broche de oro la comida... y fue otra experiencia maravillosa. Ya la nevería misma era pintoresca, decorada con colores vivos y contrastantes, con adornos de artesanías... y luego había que admirarse de la imaginación con la variedad de helados, todos naturales y artesanales, y sobre todo con las combinaciones de sabores, y más aún con los nombres con los que bautizaron a estos deliciosos manjares: Beso de ángel, Serenata de amor, Sirena enamorada, Arrullo de luna, etc. etc. Por supuesto, no aguantábamos las ganas de probar de todos... Y ahí nos tienen dándole lata a las dependientas, pidiendo probaditas de un montón de nieves, todas sabrosísimas y refrescantes: de las frutas normalitas y conocidas, y de otras bastante más exóticas, como el mamey y la lichi china, o de picantes combinaciones como naranja, tamarindo y chile.
Después de este festín, decidimos no subir a ver la pirámide (no teníamos ni el tiempo ni los tenis), así que la contemplamos desde un telescopio, luego nos encaminamos a conocer el famoso arco de semillas, a la iglesita de la Natividad, al antiquísimo convento, que ahora aloja un museo interesante. Desde ahí contemplamos también las hermosas vistas del cerro del Tepozteco.
Ya de regreso, todavía regresamos por otras nieves, y finalmente, bastante cansadas, tomamos un taxi que nos llevó de regreso a nuestro hotel en Cuernavaca.
NOTA: La mayoría de las fotografías de este viaje fueron tomadas por Estrella Romero, quien casi desde el principio ha sido la cronista de la mayoría de los eventos de Tejedoras. ¡Gracias, Estrellita! Sabes captar y guardar con tus fotos y videos los mejores momentos que vamos entretejiendo.
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